Algunos, pueden pensar que estoy loco, cuando titulo este artículo de opinión, con una afirmación tan rotunda como disparatada. Os ruego me permitáis explicarme y, luego, admitiré cualquier crítica, polémica o debate al respecto, pues precisamente el objetivo de este artículo, es abrir una puerta a la reflexión.
Atendiendo a la doctrina, y siguiendo las premisas de Richard Thaler, sin por ello omitir o hacer de menos a sus análisis a cerca de las desviaciones en las conductas racionales de compra de los consumidores; si tomamos como premisa el hecho de que cada individuo busca la alternativa óptima tendente a maximizar sus utilidades, y partiendo de que el ahorro es una de dichas utilidades (más adelante explicaré que este planteamiento está sujeto a otras variables a considerar); tenemos como consecuencia directa la deducción de que el consumidor, analiza racionalmente la oferta y desplaza su decisión de compra hacia la alternativa que le reporta mayores benficios, ya sean objetivos o subjetivos.
Ruego perdonéis la verborrea, pero en breve entenderéis todo mi planteamiento. Continúo… en consecuencia, el consumidor siempre optará por la opción más beneficiosa según los términos que homos definido (este planteamiento, ojo, le valió al citado economista el premio Nóvel, puede sonar a perogruyada, pero creedme, tras el mismo hay un elaborado modelo microeconómico, que trasciende a los parámetros macroeconómicos). Un poco de paciencia, voy al ajo.
Informémosnos de la actual oferta en el mercado de la telefonía móvil. y de entre todas las propuestas quedémosnos con la siguiente:
Yoigo propone entre sus tarifas, la ventaja de que las llamadas de Yoigo a Yoigo, son a 0 cts. minuto durante una hora al día, esto es, 60 minutos. Si de media un mes tiene 30 días, hablamos de un total de 1800 minutos mensuales, pero si tenemos en cuenta que la comunicación saliente no es la misma que la entrante, si dicha comunicación se diese exclusivamente entre clientes de dicho operador, realmente, los usuarios del mismo, dispondrían de 3600 minutos mensuales, a groso modo, de comunicación gratuita (obviemos los establecimientos de llamada… que por otro lado con Yoigo, son a 12 cts. no a 15 como se nos factura en la mayoría de supuestos).
3600 minutos de comunicación mensual, supera en mi opinión, y con mucho, las más sobradas necesidades de comunicación de un usuario medio, y en el caso de un usuario intensivo, aliviaría enormemente la carga de facturación del mismo, una tarifa de estas características.
Con todo lo dicho, lo único que cada usuario de telefonía móvil de este país, que actuase racionalmentes, debería hacer, es portar su número a Yoigo y, hacerse de un terminal libre, o liberar su propio terminal. Digo esto, porque de ese modo, no existiría compromiso alguno con el operador en cuestión (tal y cmo el mismo sugiere en su web, y de este modo tendríamos un claro aval de cumplimiento de los compromisos contractuales pactados.
Si todos los usuarios de telefonía móvil de este país hiciesen lo mismo, estaríamos ante un panorama que a muchos les puede resultar un tanto surrealista: el precio minuto sería 0 y, además, conseguiríamos rebajar el establecimiento a 12 cts, de los 15 que de común se suelen cobrar acutalmente a través de los operadores dominantes, con la ventaja añadida de que toda la clientela no estaría sujeta a compromiso de permanencia alguno, ni a clausula posible que limitase su libertad de ir y venir allá a donde se le antojase (a eso lo llamo yo telecomunicaciones liberadas).
En consecuencia, se darían diversas respuestas. Reorganizaciones de mercado y de tarifa (sin duda más ventajosas para los clientes finales(, posiblemente la quiebra de Yoigo, y el fin de la esclavitud del terminal subvencionado.
Hago notar que esta reflexión, no es más que un ejercicio mental, para que veamos de manera gregaria, que no individual, más allá de las manipulaciones del imperio del márketing, que en la mayoría de los casos, nuestro propio individualismo nos hace presas fáciles de intereses exterenos, y que, aún sin saberlos, maquillado, disfrazado y obviado, el verdadero mensaje es que, ciertamente, el poder, sigue en manos de la mayoría, y no de los pocos que nos manipulan lucrándose de ello. Pero para ello, para hacer posible ese paso evolutivo, casi filosofal, sería preciso que todos y cada uno de nosotros, avandonásemos las banderas, los colores y los individualismos, y empezásemos a pensar como parte de un todo… más allá de nuestra propia y egoista piel.
Ahí os dejo esta profunda reflexión a modo de ejercicio, con mi más afectuoso saludo.
